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Las economías modernas, en comparación con las
de la década iniciada en 1700, dependen de la
especialización de los individuos y de las empresas,
conectados por una extensa red de comercio. Las
economías occidentales han disfrutado de un rápido
crecimiento económico debido a que la creciente
especialización ha permitido a los trabajadores ser
extraordinariamente productivos en determinadas
ocupaciones e intercambiar su producción por las
mercancías que necesitan.
Existe especialización cuando los individuos y
los países concentran sus esfuerzos en una determinada
serie de tareas: permite a cada persona y a cada país
aprovechar al máximo sus cualificaciones y recursos
específicos. Uno de los hechos de la vida económica
es que en lugar de que todo el mundo lo haga todo de una
manera mediocre, es mejor instituir una división del
trabajo, es decir, dividir la producción en una serie de
pequeños pasos o tareas especializados. La división
del trabajo permite que las personas altas jueguen
al baloncesto, que las que saben hacer cálculos
numéricos enseñen y que las que tienen el don de la
persuasión vendan automóviles. A veces se tarda muchos
años en adquirir la formación necesaria para hacer una
determinada carrera: hace falta estudiar muchos años
para ser neurocirujano y poder ejercer.
El capital y la tierra también están
sumamente especializados. La tierra puede estar
especializada, como los viñedos de California y Francia,
que se ha tardado décadas en cultivar. El programa
informático que se utilizó junto con el trabajo para
escribir este libro de texto se ha tardado más de diez
años en desarrollar, pero no sirve para gestionar una
refinería de petróleo o para resolver grandes problemas
numéricos. Uno de los ejemplos más impresionantes de
especialización son los chips que dirigen los
automóviles, aumentan su eficiencia y pueden servir de «caja
negra» para registrar los datos sobre los
accidentes.
La enorme eficiencia de la especialización
hace posible la intrincada red de comercio entre las
personas y entre los países que observamos actualmente.
Somos muy pocos los que producimos un único bien
acabado; no hacemos más que una minúscula parte de lo
que consumimos. Quizá enseñamos una pequeña parte del
programa de estudios de una universidad o vaciamos las
monedas de los parquímetros o aislamos el código
genético de las moscas de la fruta. A cambio de este
trabajo especializado, recibimos suficientes ingresos
para comprar bienes.
La idea de las ganancias derivadas del comercio
constituye una de las ideas fundamentales de la
economía. Las diferentes personas o países tienden a
especializarse en determinadas áreas y a intercambiar
voluntariamente lo que producen por lo que necesitan. La
productividad ha aumentado extraordinariamente en
Japón debido a que se ha especializado en la fabricación
de bienes manufacturados como los automóviles y los
bienes electrónicos de consumo; exporta una gran parte
de sus productos manufacturados para pagar las
importaciones de materias primas. En cambio, los países
que han probado la estrategia de ser autónomos
intentando producir la mayor parte de lo que consumen,
han descubierto que ésta es la vía que lleva al
estancamiento. El comercio enriquece a todos los países
y aumenta el nivel de vida de todo el mundo. |