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Las economías,
a medida que se desarrollan, se especializan más. La
división del trabajo permite dividir una tarea en otras
más pequeñas que pueden ser dominadas y realizadas más
deprisa por un único trabajador. La
especialización se debe a la creciente tendencia
a utilizar métodos de producción indirectos que
requieren muchas cualificaciones especializadas. A
medida que los individuos y los países se especializan
más, tienden a concentrarse en determinadas mercancías y
a intercambiar sus excedentes de producción por bienes
producidos por otros.
El comercio voluntario, basado en la
especialización, beneficia a todos.
Actualmente, el comercio de bienes y servicios
especializados se basa en el dinero para lubricar sus
engranajes. El dinero es el medio de cambio
—principalmente efectivo y depósitos a la vista—
universalmente aceptado para pagarlo todo, desde las
taitas de manzana hasta las pieles de cebra.
Aceptándolo, los individuos y los países pueden
especializarse en la producción de unos cuantos bienes e
intercambiarlos por otros; sin dinero, perderíamos mucho
tiempo negociando un trueque.
Los bienes de capital —los factores producidos,
como la maquinaria, las estructuras y las existencias de
bienes en proceso de elaboración— permiten utilizar
métodos de producción indirectos que aumentan
extraordinariamente la producción de los países.
Para poner en marcha estos métodos indirectos se
necesita tiempo y recursos, por lo que para aumentar el
consumo futuro es preciso sacrificar temporalmente
consumo actual. Las reglas que definen los términos en
los que es posible comprar, vender y utilizar el capital
y otros activos constituyen el sistema de derechos de
propiedad. Estos derechos de propiedad privada no son
ilimitados en ningún sistema económico. |