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La distribución de la renta generada por los
mercados libres no pretende ser éticamente equitativa.
Dependiendo de quién comienza qué actividad y con qué
recursos, los mercados privados pueden generar muchas
diferentes distribuciones finales —diferentes para
quién— de los recursos y del bienestar. El gobierno
podría intervenir para modificar la distribución de
la renta, cobrando impuestos a unos y dándoselo a
otros.
En la realidad, los gobiernos modernos se involucran
en procesos de redistribución de la renta a gran escala.
La participación porcentual de las transferencias en el
gasto del gobierno ha aumentado en todo el mundo desde
1960. El gasto del gobierno en transferencias,
representa la redistribución de la renta que realiza el
gobierno —hacia los mayores (a través de la seguridad
social), los desempleados (a través de las subvenciones
por desempleo), los agricultores (a través de los
precios) y muchos otros beneficiarios—. El rápido
aumento del gasto en transferencias ha sido una fuente
de controversia; algunos críticos argumentan que muchos
de los programas del gobierno para mejorar el bienestar
han perjudicado a las personas que se pretendía ayudar.
Hay una diferencia entre la intervención del gobierno
para modificar la distribución de la renta y la
intervención para garantizar el nivel óptimo de bienes
públicos o hacer que los precios de mercado reflejen las
externalidades. En estos últimos el gobierno está
actuando de forma que, en principio, puede hacer que
todas las personas se encuentren mejor.
Pero cuando el gobierno interviene para modificar la
distribución de la renta, mejora la situación de unas
personas pero empeora la de otras.
Los gobiernos se preocupan no sólo de la distribución de
la renta, sino también del consumo de ciertos bienes y
servicios.
Los bienes preferentes son bienes que la
sociedad considera que la gente debe recibir o consumir
sin importar su nivel de renta. Los bienes
preferentes incluyen, entre otros, salud, educación,
vivienda y alimentos.
La sociedad puede pensar que todas las personas deben
tener una vivienda adecuada. ¿Existe una
justificación económica para la intervención del
gobierno con respecto a los bienes preferentes? En
cierto sentido siempre la hay, dado que el hecho de que
haya gente viviendo en la calle genera una externalidad,
pues hace sentir mal a aquellos que pueden acceder a una
vivienda confortable. Al hacer accesible la vivienda
para aquellos que de otra forma estarían en las calles,
el gobierno hace sentir mejor al resto de los
ciudadanos.
Las preocupaciones de la sociedad acerca de los
bienes preferentes están estrechamente relacionadas con
sus preocupaciones sobre la distribución de la renta. La
diferencia en el caso de los bienes preferentes
radica en que la sociedad quiere asegurarse del consumo
de determinados bienes y servicios, en
lugar de bienes y servicios de tipo
general. Algunos de los bienes que proporciona el
gobierno (como la salud y la educación) son bienes
preferentes.
En el caso de los bienes preferentes, como en el de
los bienes públicos, la preocupación del gobierno no
justifica que los tenga que producir él mismo. La teoría
económica justifica las políticas que garantizan que los
individuos consuman cantidades específicas de bienes
preferentes, pero no justifica que tenga que ser el
gobierno el que deba producirlos.
El aspecto más delicado cuando se habla de bienes
preferentes y de la distribución de la renta es la forma
en la que la sociedad o el gobierno decide lo que debe
recibir cada persona.
Cualquier individuo puede tener un punto de vista
perfectamente sensible sobre estas cuestiones; por
ejemplo, que la sociedad estará mejor cuanto más
equitativa fuera la distribución de la renta, que la
distribución actual es la adecuada, que las personas que
trabajan más deben ser mejor recompensadas, que las
personas que necesitan más deberían obtener más, o que
todos deberían tener una vivienda digna y nadie debería
pasar hambre. Traducir todas estas opiniones a una
visión coherente adoptada por el gobierno e implementada
por medio de los impuestos y transferencias es la
difícil tarea de la política. |