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Todas las sociedades humanas —ya sean países
industriales avanzados, economías basadas en un sistema
de planificación central o países tribales aislados—
deben afrontar y resolver tres problemas económicos
fundamentales.
Todas las sociedades deben decidir de alguna manera
qué bienes se producirán, cómo se producirán y para
quién se producirán.
De hecho, estas tres preguntas fundamentales sobre la
organización económica —el qué, el cómo y
el para quién— son tan fundamentales hoy como en
los albores de la civilización del hombre.
Examinémoslas más detenidamente:
• ¿Qué bienes se producen y en qué cantidades?
Una sociedad debe decidir qué cantidad producirá de
cada uno de los numerosos bienes y servicios posibles y
cuándo los producirá. ¿Producirá hoy pizzas o camisas?
¿Unas cuantas camisas de buena calidad o muchas baratas?
¿Utilizará recursos escasos para producir muchos bienes
de consumo (como pizzas) o menos bienes de consumo y más
bienes de inversión (como máquinas para fabricar pizzas)
que aumenten la producción y el consumo en el futuro?
• ¿Cómo se producen los bienes?
Una sociedad debe decidir quién los producirá, con
qué recursos y qué técnicas de producción utilizará.
¿Quién se dedicará a la agricultura y quién enseñará?
¿Se generará la electricidad con petróleo, con carbón o
con energía solar? ¿Serán gestionadas las fábricas por
personas?
• ¿Para quién se producen los bienes?
¿Quién recoge los frutos de la actividad económica?
¿Es justa y equitativa la distribución de la renta y de
la riqueza? ¿Cómo está dividido el producto nacional
entre los diferentes hogares? ¿Hay muchos pobres y unos
cuantos ricos? ¿Los ingresos altos van a parar a los
profesores o a los deportistas o a los trabajadores del
automóvil o a los empresarios de Internet? ¿Facilitará
la sociedad un consumo mínimo a los pobres o debe
trabajar la gente si quiere comer? |