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Se ha desarrollado la teoría de la
elección del consumidor bajo el supuesto general
de que los consumidores pueden ordenar diferentes cestas
de acuerdo con la utilidad o satisfacción que les
proporciona su consumo. Decir que la cesta A proporciona
mayor utilidad que la B significa que el consumidor
prefiere A a B. Nada de lo que se ha dicho requiere que
el consumidor decida en qué medida A es más preferido a
B. Mayores curvas de indiferencia son mejores, pero no
se necesita saber cuánto mejores.
En el siglo XIX, algunos economistas creyeron que los
niveles de utilidad se podían realmente medir. Era como
si cada consumidor tuviese un medidor de utilidad para
cuantificar su felicidad. Cuanto más a la derecha
estuviese la aguja de este medidor, más felices estarían
los consumidores. Las unidades de medida de este aparato
se llamaron útiles. Hoy en día esto parece u poco
extraño; ¿es usted 2,9 veces más feliz si obtiene una
semana extra de vacaciones?
Sin embargo, analizar el comportamiento del
consumidor cuando la utilidad es cuantificable de
esta forma es muy interesante, aun cuando se han
obtenido todas las proposiciones del texto sin necesidad
de recurrir a este supuesto adicional. Se le llamará
Fred a un individuo (más parecido a un robot), cuya
utilidad puede ser medida exactamente en útiles.
Fred asiste a un concierto de rock y se come unas
hamburguesas. Su utilidad depende de la combinación de
hamburguesas y conciertos que consume. Para un cierto
volumen de consumo de uno de estos bienes, prefiere una
mayor cantidad del otro que menos. Su utilidad aumenta,
y él obtiene más útiles.
La utilidad marginal de un bien es el aumento en
la utilidad total obtenido al consumir una unidad
adicional de ese bien, manteniendo constante la cantidad
consumida
del resto de bienes.
Así, Fred obtiene 67 útiles de utilidad al consumir 10
hamburguesas y un concierto de rock, y 70 útiles de
utilidad, de 11 hamburguesas y 1 concierto de rock, por
lo que la utilidad marginal de la undécima hamburguesa
es (70 — 67 = 3) útiles.
Fred difícilmente pasará hambre. Se ha comido 10
hamburguesas durante el concierto. Seguramente que no
habrá obtenido mucha utilidad de la hamburguesa extra;
de hecho obtuvo sólo tres útiles. En contraste, si Fred
hubiese comido sólo dos hamburguesas durante el
concierto (que le reportan, por ejemplo, 20 útiles),
posiblemente habría disfrutado mucho una tercera (ya que
habría alcanzado 27 útiles). La utilidad marginal de esa
hamburguesa extra es (27 — 20 = 7) útiles. Las
preferencias de Fred obedecen la ley de la utilidad
marginal decreciente.
Un consumidor tiene una utilidad marginal decreciente
de un bien si cada unidad extra consumida añade
sucesivamente una menor cantidad a la utilidad total. |