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Las elasticidades miden la respuesta de la
cantidad demandada ante variaciones separadas de tres
factores —el propio precio del bien, los precios de
bienes relacionados y la renta—. Se estableció la
diferencia entre las variables nominales, medidas en
precios corrientes, y variables reales, medidas en
precios constantes mediante ajustes que toman en cuenta
la inflación para poder compararlas en diferentes
momentos en el tiempo. Seguramente se habrá dado cuenta
de que más ejemplos en este capítulo en los que se
presentan datos para Eurolandia y otros países se
refieren a precios reales y rentas reales.
Suponga que todas las
variables nominales se duplican. Cada bien
cuesta el doble, los salarios son el doble que antes,
los alquileres también se han multiplicado por dos y los
dividendos que pagan las empresas doblan la suma
monetaria. Cualquiera que sea la cesta de consumo que se
demandaba, su compra sigue siendo factible. Los
bienes cuestan el doble, pero la renta también es
dos veces más grande que la anterior. Si la carne
costaba el doble que el pan, seguirá manteniéndose esa
relación. De hecho, nada ha cambiado realmente.
El comportamiento de los consumidores y la demanda
permanecerán inalterados por una duplicación de las
variables nominales de todos los precios y todas las
formas de rentas.
¿Cómo se puede reconciliar esta idea con el hecho de
que las elasticidades de la demanda miden cambios en las
cantidades demandadas a medida que cambian los precios?
Recuerde que las elasticidades (propia, cruzada y renta)
miden el efecto de los cambios en la variable
manteniendo constantes todos los demás determinantes de
la demanda.
Cuando todos los precios y todas las rentas cambian
simultáneamente, las definiciones de las elasticidades
nos alertan de que es incorrecto estudiar el efecto de
una variable aislada, como el propio precio, en la
cantidad demandada.
El cambio en la cantidad demandada se puede
descomponer en tres efectos: el efecto de cambios en el
propio precio, más el efecto de los cambios en los
precios de los bienes relacionados, más el efecto de las
variaciones en la renta. Cuando todas las variables
nominales cambian en la misma proporción, la suma de
estos efectos es exactamente cero.
El
análisis de datos económicos permite utilizar
dos estrategias. La primera es llevar a cabo un análisis
econométrico capaz de capturar simultáneamente los tres
efectos distintos. Sin embargo, una estrategia más
simple puede ser suficiente. Piense otra vez en la
definición de las elasticidades. Si se mantiene
constante la renta y el precio de los bienes
relacionados, la elasticidad precio refleja los efectos
de cambios en el precio de un bien, que afecta su precio
real o relativo comparado con otros bienes.
Similarmente, manteniendo constantes los precios de
todos los bienes, la elasticidad renta resume el efecto
de los cambios en la renta monetaria que modifican el
poder adquisitivo real. La cantidad de bienes que se
podrán comprar. Las definiciones de las elasticidades
tienen sentido no solo porque se refieren a variables
nominales, sino también porque el supuesto de «todo lo
demás constante» hace coincidir las variables nominales
con las reales.
La elasticidad precio y las elasticidades precio
cruzadas ponen de manifiesto los efectos de cambios en
los precios reales o relativos.
Es posible ampliar el análisis para incluir economías
que están experimentando inflación, donde las variables
nominales de la mayoría de precios y rentas aumentan en
el tiempo.
Ahora queda claro por qué duplicar todos los precios
no tiene efectos en la demanda: no afecta ni a la renta
real ni a los precios relativos. También se puede
comprobar que puede ser posible examinar datos de forma
simple sin necesidad de utilizar el análisis
econométrico. Si una economía está experimentando
inflación, los precios están cambiando. Se puede obviar
el problema de «todo lo demás constante» simplemente
midiendo todas las variables. |