|
Al analizar los determinantes de la concentración,
los economistas han observado que en los mercados
imperfectamente competitivos actúan tres grandes
factores. Son las economías de escala, las barreras a la
entrada y la interdependencia estratégica (los dos
primeros se analizaron en el capítulo anterior y el
tercero se examina detalladamente en el siguiente):
• Los costos. Cuando el tamaño mínimo eficiente de
funcionamiento de una empresa corresponde a una
proporción considerable de la producción de una
industria, sólo pueden sobrevivir de una forma rentable
unas cuantas empresas, por lo que es probable que haya
un oligopolio.
• Las barreras a la competencia. Cuando hay grandes
economías de escala o el Estado restringe la entrada,
disminuye el número de competidores que hay en una
industria.
• La interdependencia estratégica. Cuando sólo hay
unas cuantas empresas en un mercado, pronto se dan
cuenta de su interdependencia. La interdependencia
estratégica, que es una característica realmente nueva
del oligopolio que ha inspirado el campo de la teoría de
los juegos, existe cuando los planes de cada empresa
dependen de la conducta de sus rivales.
¿Por qué se muestran los economistas. especialmente
interesados en las industrias caracterizadas por la
competencia imperfecta? Porque esas industrias se
comportan de algunas formas contrarias al interés
público.
Por ejemplo, en la competencia imperfecta los precios
generalmente son superiores a los costos marginales. A
veces, sin el acicate de la competencia, la calidad del
servicio empeora. Tanto los precios altos como la mala
calidad son resultados poco deseables.
Como consecuencia de los elevados precios, las
industrias oligopólicas suelen tener (pero no siempre)
utilidades superiores a las normales. La rentabilidad de
las industrias del tabaco y productos farmacéuticos, que
están muy concentradas, ha sido el blanco de ataques
políticos en numerosas ocasiones. Sin embargo, algunos
detenidos estudios muestran que las tasas de utilidades
de las industrias concentradas sólo tienden a ser algo
superiores a las de las industrias poco concentradas.
Este resultado es sorprendente y ha dejado
especialmente perplejos a los que critican a las grandes
empresas, que esperan encontrarse con que las mayores
compañías ganen enormes utilidades.
Históricamente, uno de los principales motivos por
los que se ha defendido la competencia imperfecta ha
sido el hecho de que en las economías modernas las
grandes empresas son responsables de la mayor parte de
la investigación y el desarrollo (I+D) y de la
innovación.
Hay, desde luego, algo de cierto en esta idea, pues
las industrias que tienen un elevado nivel de
concentración a veces tienen elevados niveles de gasto
en L-D por dólar de ventas, ya que tratan de conseguir
una ventaja tecnológica frente a sus rivales. Al mismo
tiempo, los individuos y las pequeñas empresas han
producido muchos de los mayores avances tecnológicos.
Más adelante analizaremos detalladamente en este mismo
capítulo esta importante cuestión. |