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Al analizar el problema de la competencia imperfecta,
Milton Friedman, galardonado con el Premio Nobel y quizá
el principal economista conservador de la era moderna,
señaló lo siguiente: «Es necesario elegir entre tres
males posibles: el monopolio privado no regulado, el
monopolio privado regulado por el Estado y el monopolio
del Estado». En este último subapartado, examinamos los
seis principales métodos que pueden utilizar los
gobiernos en las economías de mercado para hacer frente
a la competencia imperfecta. Las tres primeras medidas
constituyen el núcleo de la actitud actual de los
poderes públicos hacia las grandes empresas.
1. El principal método para luchar contra el poder de
mercado es la política antirnonopolio. Esta consiste en
leyes que prohíben determinados tipos de conducta (como
la fijación en colusión de los precios) o impiden
determinadas estructuras del mercado (como los
monopolios puros y los oligopolios muy concentrados).
Este importante método se analizará detalladamente en el
capítulo 17.
2. En términos más generales, los abusos
anticompetitivos pueden evitarse fomentando la
competencia siempre que sea posible. Existe toda una
multitud de medidas que pueden fomentar una intensa
rivalidad incluso entre las grandes empresas. Es
especialmente importante reducir las barreras a la
entrada en todos los sectores. Eso significa fomentar
las pequeñas empresas y no proteger los mercados
nacionales de la competencia extranjera.
3. En los últimos cien años, los poderes públicos han
desarróllado en Estados Unidos un nuevo instrumento para
controlar la industria: la regulación. La regulación
económica permite a los organismos reguladores
especializados controlar los precios, los niveles de
producción, la entrada y la salida de empresas de las
industrias reguladas, como los servicios públicos y el
transporte. La regulación, a diferencia de las medidas
antimonopolio, que indican a las empresas lo que no
deben hacer, les indica qué deben hacer y cómo deben
fijar los precios de sus productos. Se trata, en efecto,
de un control público sin propiedad pública. Antes este
enfoque se utilizaba en sectores que se pensaba que eran
«monopolios naturales>’, como la energía eléctrica y los
servicios telefónicos. Actualmente, en Estados Unidos la
principal área regulada por el Estado es la sanidad.
Las tres estrategias siguientes se han probado de vez en
cuando, pero se utilizan raras veces en las economías
modernas de mercado:
4. La propiedad pública de los monopolios se ha
utilizado frecuentemente en todo el mundo, pero poco en
Estados Unidos. En algunos monopolios naturales, como la
distribución de agua, gas y electricidad, se piensa que
para que la producción sea eficiente, ha de haber un
único vendedor. En esos casos, el verdadero dilema es
decidir si nacionalizar esas empresas o regularlas. La
mayoría de las economías de mercado han elegido la vía
de la regulación y en los últimos años muchos gobiernos
han «privatizado>) (o vendido a propietarios privados)
industrias como compañías telefónicas que antes eran
públicas.
5. Los controles de los precios de la mayoría de los
bienes y servicios se han utilizado en tiempos de guerr
a, en parte para contener la inflación y, en parte, para
mantener bajos los precios en las industrias
concentradas. Algunos estudios indican que estos
controles son un mstnimento muy radical: provocan
numerosas distorsiones y subterfugios que socavan la
eficiencia de la economía. En el caso más reciente en el
que se han utilizado los controles de los precios en
toda la economía de Estados Unidos, la década de 1970,
se formaron largas colas para comprar gasolina cuando se
fijó un precio demasiado bajo y hubo escasez de carne de
vacuno, de gas natural e incluso de papel higiénico.
Imponer controles de los precios en toda la economía
para contener a unos cuantos monopolistas es como
destruir todo un jardín para exterminar unas cuantas
chinches. Actualmente, raras veces se utilizan los
controles de los precios, salvo en el sector sanitario.
6. Los impuestos se han empleado algunas veces para
paliar los efectos producidos en la distribución de la
renta. Gravando los monopolios, un gobierno puede
reducir los beneficios monopolísticos y paliar así
algunos de sus efectos socialmente inaceptables. Pero si
los impuestos vencen las objeciones al monopolio basadas
en la equidad, apenas reducen la distorsión de la
producción. Un impuesto que no introduzca distorsiones
elimina los beneficios, pero no influye en la
producción. Si eleva el costo marginal, probablemente
alejará aún más a los monopolistas del nivel eficiente
de producción, elevando el precio y reduciendo incluso
más la producción. |