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La primera obra clásica de Schumpeter, The Theory of
Economic Development (1911), rompió con el análisis
estático tradicional de la época al subrayar la
importancia del empresario o del innovador, es decir, de
la persona que introduce «nuevas combinaciones» en forma
de nuevos productos o nuevos métodos de organización.
Las innovaciones generan temporalmente utilidades
superiores a las normales, que los imitadores acaban
eliminando. Romántico impenitente, Schumpeter
consideraba que el empresario era el héroe del
capitalismo, la persona de «intelecto y voluntad
superiores», motivada por el deseo de conquistar y el
placer de crear.
Esta visión del capitalismo como un proceso dinámico
ha inspirado a una nueva generación de teóricos del
crecimiento, como Paul Romer, profesor de la Universidad
de Stanford, que ha desarrollado una teoría
schumpeteriana de la innovación inducida para
complementar la teroía neoclásica mas tradicional del
crecimiento.
Las interpretaciones modernas de la visión
schurnpeteriana ponen énfasis en los problemas
económicos especiales que plantea la economía de la
información. La información es una mercancía
fundamentalmente diferente de los bienes normales. Como
es costosa de producir pero barata de reproducir, los
mercados de información tienen graves fallas.
Consideremos la producción de un programa
informático, como Windows 98. El desarrollo de este
programa duró varios años y le costó a Microsoft
alrededor de 1.000 millones de dólares. Sin embargo, es
posible comprar una copia legal por unos $150 o utilizar
gratuitamente la copia del compañero de habitación (pero
tenga cuidado el lector de no infringir las leyes sobre
los derechos de reproducción). Lo mismo ocurre en el
caso de las publicaciones, los productos farmacéuticos,
el ocio y otras áreas en las que los bienes tienen un
elevado contenido de información.
En todas estas áreas, la concepción y el desarrollo
reales del producto pueden ser un laborioso proceso que
dura años o incluso toda una vida. Pero una vez que el
trabajo se plasma en el papel, en la computadora, en una
cinta o en un disco compacto, puede ser reproducido y
utilizado por otra persona casi gratuitamente.
La imposibilidad de las empresas de recoger todo el
valor monetario de sus inventos se denomina
inapropiabilidad. Según los estudios realizados por
Edwin Mansfield y otros autores, el rendimiento social
de la invención (es decir, el valor de los inventos para
todos los consumidores y los productores) es muy
superior al rendimiento privado apropiable para el
inventor (es decir, el valor monetario de la invención
para el inventor).
La información es cara de producir de reproducir. En
la medida en que no es posible apropiarse de los
rendimientos de los inventos, cabe esperar que se
dediquen pocos fondos a la investigación y al desarrollo
privados, sobre todo a la investigación básica.
La inapropiabilidad y los elevados rendimientos
sociales de la investigación han llevado a la mayoría de
los países a subvencionar la investigación básica en
sanidad y ciencia y a prometer incentivos especiales
para las actividades creativas. |