|
El primer paso para comprender el comportamiento de
las grandes empresas es darse cuenta de que son en su
mayor parte «propiedad del público». Sus acciones pueden
ser adquiridas por cualquiera y su propiedad está
repartida entre muchos inversionistas.
Pensemos en una compañía como AT&T. En 1999, sus
acciones, que valían cerca de 147.000 millones de
dólares, estaban repartidas entre más de 5 millones de
personas, pero ninguna poseía ni siquiera un 1% del
total. Aunque algunas de las grandes empresas de
programas informáticos y de Internet son excepciones,
esta dispersión de la propiedad es característica de las
grandes sociedades anónimas norteamericanas.
Como las acciones de las grandes compañías están tan
dispersas, la propiedad y el control normalmente están
separados.
Los propietarios no pueden influir fácilmente en las
actividades de las grandes compañías. Y aunque los
accionistas eligen al consejo de administración —formado
por un grupo de miembros de la empresa y de personas de
fuera bien informadas— son los directivos asalariados
los que toman las grandes decisiones sobre la estrategia
de la empresa y los responsables de su funcionamiento
diario. Los directivos han adquirido una formación y
unas calificaciones empresariales especiales y están
mucho más familiarizados con los detalles de la
compañía.
En la mayoría de las situaciones, no existen
conflictos entre los objetivos de los directivos y los
objetivos de los accionistas. Todos se benefician si
aumentan las utilidades, pero pueden existir dos
importantes conflictos de intereses entre ellos. En
primer lugar, los directivos pueden fijarse grandes
sueldos, gastos de representación, primas y generosas
pensiones de jubilación a expensas de los accionistas.
Nadie está afirmando que los directivos deban cobrar
el salario mínimo, pero en los últimos años algunos
altos ejecutivos de empresas que están obteniendo malos
resultados han percibido 50 millones de dólares o más en
concepto de sueldos y primas. Algunos analistas se
preguntan por qué los ejecutivos norteamericanos ganan
mucho más que los de otros países que trabajan en
empresas parecidas.
En segundo lugar, las utilidades no distribuidas
también pueden plantear un conflicto de intereses. Los
directivos de las empresas tienen una tendencia
comprensible a retener las utilidades y a utilizarlas
para ampliar la empresa, en lugar de repartir dividendos
o utilizarlos para rescatar acciones. Pero puede haber
situaciones en las que sería más rentable invertir fuera
de la empresa las utilidades que se reinvierten en ella.
En algunos casos, los accionistas saldrían ganando si
la compañía aceptara ser absorbida por otra o se
liquidara simplemente y repartiera los ingresos
obtenidos, pero son contadas las situaciones en las que
los directivos están dispuestos a votar alegremente en
favor de alguna medida que suponga la pérdida de su
empleo y el cierre de la empresa. |