La conducta de las grandes empresas

El 18 de Junio de 2010 por Kervin Vergara en Competencia monopólica

El primer paso para comprender el comportamiento de las grandes empresas es darse cuenta de que son en su mayor parte «propiedad del público». Sus acciones pueden ser adquiridas por cualquiera y su propiedad está repartida entre muchos inversionistas.

Pensemos en una compañía como AT&T. En 1999, sus acciones, que valían cerca de 147.000 millones de dólares, estaban repartidas entre más de 5 millones de personas, pero ninguna poseía ni siquiera un 1% del total. Aunque algunas de las grandes empresas de programas informáticos y de Internet son excepciones, esta dispersión de la propiedad es característica de las grandes sociedades anónimas norteamericanas.

Como las acciones de las grandes compañías están tan dispersas, la propiedad y el control normalmente están separados.

Los propietarios no pueden influir fácilmente en las actividades de las grandes compañías. Y aunque los accionistas eligen al consejo de administración —formado por un grupo de miembros de la empresa y de personas de fuera bien informadas— son los directivos asalariados los que toman las grandes decisiones sobre la estrategia de la empresa y los responsables de su funcionamiento diario. Los directivos han adquirido una formación y unas calificaciones empresariales especiales y están mucho más familiarizados con los detalles de la compañía.

En la mayoría de las situaciones, no existen conflictos entre los objetivos de los directivos y los objetivos de los accionistas. Todos se benefician si aumentan las utilidades, pero pueden existir dos importantes conflictos de intereses entre ellos. En primer lugar, los directivos pueden fijarse grandes sueldos, gastos de representación, primas y generosas pensiones de jubilación a expensas de los accionistas.

Nadie está afirmando que los directivos deban cobrar el salario mínimo, pero en los últimos años algunos altos ejecutivos de empresas que están obteniendo malos resultados han percibido 50 millones de dólares o más en concepto de sueldos y primas. Algunos analistas se preguntan por qué los ejecutivos norteamericanos ganan mucho más que los de otros países que trabajan en empresas parecidas.

En segundo lugar, las utilidades no distribuidas también pueden plantear un conflicto de intereses. Los directivos de las empresas tienen una tendencia comprensible a retener las utilidades y a utilizarlas para ampliar la empresa, en lugar de repartir dividendos o utilizarlos para rescatar acciones. Pero puede haber situaciones en las que sería más rentable invertir fuera de la empresa las utilidades que se reinvierten en ella.

En algunos casos, los accionistas saldrían ganando si la compañía aceptara ser absorbida por otra o se liquidara simplemente y repartiera los ingresos obtenidos, pero son contadas las situaciones en las que los directivos están dispuestos a votar alegremente en favor de alguna medida que suponga la pérdida de su empleo y el cierre de la empresa.

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