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El libre mercado permite a los
individuos perseguir su interés propio sin que existan
restricciones por parte del Estado. Las economías
planificadas permiten un margen muy estrecho a la
libertad individual, ya que la mayoría de las decisiones
las adopta centralizadamente el gobierno. Entre estos
dos extremos encontramos las llamadas economías mixtas.
En una economía mixta, el Estado y el sector
privado interactúan para la resolución de los problemas
económicos. El Estado controla una parte importante de
la renta mediante impuestos, transferencias y la
provisión de algunos servicios, como defensa o seguridad
ciudadana. También regula el grado en el que los
individuos pueden perseguir su propio interés.
La mayoría de los países son economías mixtas, si
bien algunos se acercan más al extremo de la
planificación centralizada, y en cambio otros se
asemejan más a la eco-nomía de libre mercado. La Figura
1.3 ilustra esta idea. Incluso Cuba permite a sus
habitantes cierta capacidad de decisión sobre los bienes
que consumen. Asimismo, incluso países como los EE. UU.,
quienes defienden con entusiasmo la visión de libre
mercado, presentan elevados niveles de intervención
pública en la provisión de bienes y servicios, la
redistribución de la renta mediante impuestos y
transferencias y la regulación de los mercados. |