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Para poner de manifiesto la
importancia de los mercados y de los precios,
ahora se analiza como podrían asignar- se los recursos
si los mercados no existieran.
Un ejemplo es el de las
economías planificadas. En una economía centralmente
planificada, una dependencia de planificación del
Estado decide qué producir cómo se va a producir y para
quién se va a producir.
Una vez determinadas estas
cuestiones, se dan instrucciones detalladas a los
hogares, las empresas y los trabajadores.
Dicha planificación es una tarea sumamente complicada, y
no ha existido ninguna economía planificada donde toda
la distribución de los recursos se lleve a cabo de esta
forma. Sin embargo, en muchos países, por ejemplo China,
Cuba y aquellos que formaban parte del antiguo bloque
soviético, la planificación y dirección centralizada han
tenido un peso muy importante.
El estado era
propietario de empresas y de la tierra, y tomaba las
decisiones más importantes acerca de lo que la población
debía consumir, cómo debían producirse los bienes y
cuántas personas debían trabajar.
Para apreciar la inmensidad de esta tarea, imagine que
se le pide que planifique las actividades de la ciudad
donde vive. Piense en las decisiones de asignación de
comida, vestido y vivienda que tendría que tomar.
¿Cómo decidiría qué debe tener cada habitante y el
proceso por el cual se producirían los bienes y
servicios? Evidentemente todas estas decisiones se toman
en su ciudad cada día, pero fundamentalmente por medio
del mecanismo de asignación basado en el mercado y los
precios. |