|
Muchas personas prefieren que los
periódicos y las noticias por televisión piensen por
ellos. Esperamos con este libro proporcionarle unas
buenas herramientas para que aprenda a pensar por sí
solo. Aquí tiene un ejemplo típico.
Un presentador de televisión está entrevistando a dos
políticos sobre los servicios de salud. El político de
la oposición está enfadado por los recortes en el apoyo
del gobierno a los hospitales: menos camas, menos
enfermeras, mayores listas de espera. El ministro de
salud pacientemente explica que el gasto en sanidad de
su gobierno es el mayor jamás realizado en el país.
Su primera reacción es pensar que alguno de los dos
políticos está mintiendo. Probablemente creerá
automáticamente al político del partido que usted apoya
normalmente. Alternativamente, usted podría intentar
reflexionar sobre los argumentos de uno y otro. ¿Qué
están diciendo? ¿Qué tipo de evidencia se requeriría
para comprobarlo? Veamos cómo podemos pensar más
claramente sobre la política gubernamental hacia los
servicios de salud. Se ofrece un ejemplo ilustrativo
para el Reino Unido, aunque el presupuesto de sanidad es
un tema de interés en todos los países.
Las encuestas de opinión en el Reino Unido confirman un
interés generalizado acerca de los recortes en los
servicios de salud; las personas habían identificado (y
les preocupaban) dichos cambios. En este sentido, el
político de la oposición estaba diciendo la verdad. Pero
también el ministro de salud. La tabla muestra que el
gasto del gobierno en salud en términos reales (ajustado
por la inflación) aumento en más del 27 por 100 entre
1990 y 1998.
¿Por qué entonces hay una percepción generalizada de que
los servicios de salud se han recortado? Esencialmente
por dos razones. La primera es que las personas ahora
viven más. La fracción de la población británica mayor
de 65 años se estima que crecerá del 23 por 100 en 1980
al 31 por 100 en el 2030. Las personas mayores necesitan
más servicios de salud que los jóvenes. La segunda razón
es que los avances en la tecnología médica no sólo nos
permiten vivir más, sino que hacen que tratamientos
caros y sofisticados estén disponibles para un mayor
número de personas. Naturalmente, los pacientes desean
recibir cualquier tratamiento que les pueda ayudar a
mejorar su situación.
La fila inferior de la tabla muestra que el gasto
público en salud ha aumentado a la misma velocidad que
la producción nacional. Su participación porcentual se
ha mantenido constante en este período. Sin embargo, con
una población cada vez de mayor edad, el gasto en salud
debe aumentar más que proporcionalmente que la renta
nacional para que la población mayor mantenga el mismo
nivel de atención que antes. Si, además, se permite a
todas las personas el mismo acceso a cada nuevo
tratamiento por caro que sea, el gasto en salud debería
aumentar mucho más todavía.
Ambos políticos en la entrevista de la televisión están
realmente obviando la cuestión. Están discutiendo sobre
quién malinterpreta las cifras: si, medido
apropiadamente, el gasto real en sanidad ha aumentado o
disminuido. Esta no es la cuestión más importante. El
gasto en sanidad podría aumentar enormemente sin ser
capaz de satisfacer todas las necesidades de la
población.
La cuestión más importante es la escasez. Nuestros
recursos son limitados, y debemos decidir en qué los
gastamos. Si queremos mantener los estándares pasados en
una población que ahora tiene una mucho mayor proporción
de viejos y si queremos que los grandes avatices
tecnológicos y médicos sean universalmente accesibles,
deberemos gastar mucho más en sanidad y deberemos gastar
mucho menos en otras cosas. Estos recortes podrían darse
en el sector público (recortar el presupuesto de
defensa) o en el sector privado (menos bienes de
consumo, lo que nos permitiría pagar más impuestos para
financiar el presupuesto sanitario).
Alternativamente, la sociedad puede decidir que no es
posible reducir excesivamente la financiación de los
cascos azules o dejar de comprar aparatos electrónicos,
en cuyo caso se deberán enfrentar las consecuencias de
un sistema de salud con escaso presupuesto. De alguna
forma se racionará el acceso de las personas a los
servicios de salud para poder mantener el gasto
constante sin reducir el gasto en otras actividades.
Este racionamiento puede hacerse a través de los
mercados (haciendo que las personas paguen por algunos
servicios) o a través de reglas (restringiendo el acceso
a ciertos tratamientos). La forma en la que la sociedad
resuelva esta cuestión afectará lo que se produce, cómo
se produce y, dramáticamente en este ejemplo, para quién
se produce. Esto, por supuesto, es un debate que cuesta
trabajo resolver. Los políticos se enfrentan a la gran
tentación de heredar la solución de cuestiones delicadas
a sus sucesores. |